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Teísta, deísta, panteísta, secular, agnóstico, ateísta, o escéptico

sábado, 8 de marzo de 2008

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“Ama a tu prójimo como a ti mismo” Marcos 22.39
“Ama a tu prójimo, no hay otro igual en muchos años luz a la redonda” Carl Sagan

Seguramente se habrán dado cuenta que una de las fundamentales razones para la existencia de este blog es la difusión del conocimiento, por ende, del uso de la razón, por ende, del libre pensamiento y por ende, del escepticismo. Muchos de los que me hacen el favor de visitar este blog seguramente se han llegado a preguntar en donde están ubicados según su nivel de fe o su forma de concebir su propio ateísmo. Existen, muchas fuentes de información al respecto. Yo mismo he querido saber en donde estoy en lo que se refiere a mi propia filosofía, ya que dejé de ser católico (si alguna vez lo fui, lo dudo), cristiano, e incluso creyente. Se que soy escéptico pero, cuando escucho la variedad de calificativos para alguien que no tiene fe, tengo que preguntarme en donde entro yo según estas categorías.


Vamos por partes, no sin antes aclarar que dentro de las fuentes de información esta el libro The God Delusion de Richard Dawkins. El título en español de este libro es de difícil traducción, o por lo menos de manera que cause el mismo impacto que en inglés. Sería algo así como La Alucinación “Dios”.


Primero debemos empezar con lo más común y progresaremos hasta lo más inusual (que no significa que seamos pocos).


Teísta
El teísta cree en un dios personal y providente, creador y conservador del mundo. Es decir, cree en una inteligencia sobrenatural que además de haber creado el universo aún nos observa y tiene influencia en el destino de los hombres. El teísta asegura que este ser sobrenatural interviene en los asuntos de los hombres, responde a las oraciones, perdona o castiga los pecados, hace milagros, y sabe las cosas buenas y malas que hacemos o incluso las que pensamos.


Deísta
El deísta cree en el mismo dios que el teísta, pero asegura que después de haber creado el universo dictó las leyes que lo regulan y se fue a dormir... o de vacaciones. El deísta cree que a este dios no le interesa el destino ni los asuntos de los hombres. Tal vez Teo Cardala (Cómplices) es deísta, ya que él escribió en su canción la oración “Dios existe pero duerme”.


Panteísta
El panteísta no cree en una inteligencia superior, en un dios personificado. El cree que puede llamar Dios a la Naturaleza, al Universo o a las leyes físicas naturales. No existe la persona, pero si existe el Orden Universal, la Energía Cósmica, etc.


Secular
El secular es alguien quien independientemente de su creencia o filosofía personal, reclama la separación de la religión de los asuntos humanos, específicamente de aquellos asuntos comunes a la sociedad en general, tales como el gobierno, las leyes, la educación, etc. Confía en que de esta manera la sociedad sobrevivirá como unidad, sin discriminación religiosa, sin conflicto entre la fe de unos y otros.


Agnóstico
El agnóstico simplemente se declara incapaz de asegurar la existencia o la inexistencia de un dios o dioses, o de cualquier inteligencia superior. Si no se tienen los datos que sostengan los hechos, el agnóstico se mantiene al margen, no se define hasta no estar seguro. De hecho puede asegurar que nunca será probado o refutado lo anterior.


Ateísta
El ateísta es un ateo, como normalmente se le llama. No cree en una inteligencia superior o dios. El ateo esta seguro de la inexistencia de un creador y no necesita pruebas de ello.


Escéptico
El escéptico no cree en una verdad absoluta. Su deber es dudar incluso de sí mismo en el sentido de no crearse verdades personales para sentirse en paz. La búsqueda de respuestas (no de verdades) para el escéptico, es su pasatiempo favorito. El escéptico es incansable en sus preguntas, porque acepta humildemente que el universo contiene y manifiesta más información que la que el mismo hombre puede comprender.


Podemos ahora situarnos con mayor facilidad en el adjetivo adecuado.


Para terminar anexaré un cuadro que nos obsequia Richard Dawkins y que llamaremos el Espectro de Intensidad Divina.


1. Teísta Fuerte. 100 % de fe en la probabilidad de un Dios. “No creo, sé que Dios existe”.


2. Teísta Moderado. Menos del 100% de fe en la probabilidad de un Dios. “No puedo asegurarlo, pero creo profundamente en Dios y vivo mi vida asumiendo que existe”.


3. Teísta Débil. Más de 50% de fe en Dios. “No estoy nada seguro, pero prefiero creer en Dios”.


4. Agnóstico Imparcial. 50% de fe en la probabilidad de un Dios. “La existencia e inexistencia de Dios son exactamente igual de probables”.


5. Ateísta Débil. Menos de 50% de fe en la probabilidad de un Dios. “No sé si existe Dios pero me inclino a ser escéptico”.


6. Ateísta Moderado. Más del 0% de fe en la probabilidad de un Dios. “Veo muy improbable la existencia de Dios y vivo mi vida sin asumir que existe”.


7. Ateísta Fuerte. 0% de fe en la probabilidad de un Dios. “No solo creo que no hay un Dios, sé que no hay Dios”.


Vean ustedes mismos donde se ubican. Yo, al parecer estoy en el nivel 6 del espectro, ya que improbable no es una palabra definitiva, y la existencia de un dios, por lo menos al momento, científicamente es improbable.


Por experiencia propia, puedo intuir que algunos de ustedes temen aceptar públicamente su verdadero nivel en el espectro. Solo espero que algún día su honestidad consigo mismos supere el miedo al rechazo. Esto se entiende porque para un cristiano, desgraciadamente es más alarmante que alguien a quien consideraba creyente le diga que dejó de serlo. Pero supongamos que un cristiano de la familia les platica que conoció a un árabe, digamos en su trabajo. Hablaría de sus costumbres y fe con asombro y tal vez hasta con gracia, pero no lo discriminaría. Porque así lo conoció, y no se siente traicionado. Este ejemplo podría ser el inicio de una plática para comentar con sus cercanos sobre su verdadera opinión respecto a la fe. Pero por favor, fundamenten sus opiniones, porque no hacerlo y querer hablar de ello sin conocimiento del tema podría parecer una conducta religiosa…


¡Hágase la luz!... y nació la ciencia.


Hasta la vista.

Cómo demonios llegué hasta aquí (Daemon; conocimiento en griego)

martes, 15 de enero de 2008

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Siempre me he quejado de que las personas creyentes que me censuran ni siquiera se ocupan por entender lo que yo pienso, simplemente por no ser lo que ellos asumen como verdad absoluta me satanizan. A la vez, muchas personas que no me satanizan, no conocen los detalles de los hechos que me trajeron a este pensamiento agnóstico. Y por último, escribir sobre ello también sirve para que mis compañeros de “ideología” conozcan el camino que mi cerebro tomó hacia el mayor uso de la razón.
Lo más lejano que recuerdo es que en el catecismo nos contaron y nos hicieron dibujar el pasaje en que un hebreo escucha la voz de Dios mientras pretende dormir y el hebreo le pregunta “¿Eres tú, Yahvé? Entonces llegando a la casa tome la Biblia y busqué el nombre de Dios, y uds. saben lo que encontré. Como el nombre que en el Éxodo dice Yo Soy me pareció muy extraordinario, empecé a buscar la respuesta en toda la Biblia.
Lo siguiente que recuerdo es cuando le cuestioné a mi padre que me mandaran a misa cuando él no iba a tal evento, me dijo que se defraudó de los sacerdotes desde que defendió a una anciana de uno de ellos que le gritaba altaneramente y de otro que se robó valores de la parroquia. Pero, que aún así respaldaría a mi madre si ella me mandaba… Yo ya había visto cosas semejantes…
Más adelante, me pareció extraño que el mundo estuviera lleno de tantas religiones y que las más fuertes existieran gracias a la guerra. Al mismo tiempo uno de mis hermanos (7 años mayor que yo) siempre presumió de saber grandes cosas y yo no dejaba de preguntarle las respuestas a todo, desde los fenómenos naturales hasta la historia y demás cosas. La historia del mundo esta plagada de cosas que me avergüenzan y otras que me enorgullecen, y es este tema, la historia, suficiente para pensar en el uso de la razón.
A los once años, como a las 5 de la tarde, empezaron a pasar un programa en la televisión llamado Cosmos. Simplemente no me lo perdía. Carl Sagan hablaba de todas las ciencias y a mi me pareció extraordinario saber todo eso: átomos, evolución, números exponenciales, soles, galaxias, pulsares, neuronas, etc.
En mi casa siempre hubo libros de todos los temas y como a los 10 años empecé a leer lo que me parecía interesante. Ah, y también la revista mensual Muy Interesante. Ahora lamento no haber leído Mein Kampf, pero me alegro de haber leído Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial. Un día llegó hasta mis manos Caballo de Troya y me lo receté completo a los 17 años. Me pareció una fantasía deseable y muy congruente con las cosas en las que yo buscaba la Verdad: La Biblia, los extraterrestres, los yeti, el Budismo, etc. Benítez, simplemente ha logrado unir varias doctrinas en la trama de dichas novelas. Es un genio.
Para entonces ya me había formado una idea de fe en la que existía un solo Dios, un ser humano perfecto que nos mostró un mejor camino llamado Jesús, y todos sus ayudantes llámense astronautas interestelares o como sea, una Tierra que en realidad se llamaba Iurantia en un sistema interestelar de donde venía Jesús (cuyo nombre real era Micael), guiado por la energía eterna de la Isla galáctica del paraíso…. Je je je je… y cosas como esas, incluidos a los fantasmas…
Pero, aún no encajaban muchas cosas, aún no tenía sentido todo ese embrollo. Pero esperé. Hasta que un día de 2004, un amigo me preguntó que libros le recomendaba, y en la lista incluí algunos que no había tenido oportunidad de comprar, entre ellos El Mundo y sus Demonios de Carl Sagan. Ni siquiera sabía de qué se trataba. Los compró y me los prestó todos. Y al leer el de Sagan, me di cuenta que estaba escrito por alguien completamente centrado, respetuoso de las creencias de los demás, y con mucho sentido común. Es un libro que satisfizo todas mis preguntas, pero que no me asegura ninguna Gran Verdad.
Busqué más de él y de todos los científicos. Y además empecé a externar a los demás mi nueva idea de que no existen los dioses. Eso amigos, es la libertad. Así un día, a una clienta que comencé a tomar como una amiga muy inteligente se lo comenté y ella me facilitó un blog de Internet de un amigo de ella que pensaba más o menos como yo. Y ahí dentro supe que yo soy un agnóstico o humanista secular. Ese blog se llama Sentido Común.
Hace falta leer mucho para entender lo que yo soy. Hace falta entender que toda la información escrita que existe, irrepetible y verdaderamente fundamentada, es mucho mas vasta que la Biblia. Además, vivimos en un mundo que se sustenta en toda la tecnología proveniente de la ciencia, de los agnósticos, y todo eso NO esta en la Biblia. Hace falta informarse. ¿Cuántos libros has leído? Y aún así, aceptar que podemos estar equivocados, y no crearse una verdad absoluta.
Cabe decir que si Dios existe y las pruebas lo demuestran, yo creeré en él. Pero mientras seguiré respetando a mis semejantes sin el miedo a ser castigado si no lo hago. Seguiré siendo leal a los que se lo merecen sin tener que rezar por ello. Seguiré evitando tirar basura en la calle, o atravesar mi carro sin compasión por los demás guiadores aún cuando no esté ningún agente de tránsito presente. Seguiré evitando la tranza que no evitan todos esos creyentes que se purifican cada vez que se reúnen y se sienten tocados por Dios para seguir pecando el resto de la semana.
Así amigos, he llegado hasta aquí. Gracias

¡PORQUE BRILLAS!

martes, 28 de agosto de 2007

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En mi edad de secundaria, ahorré lo suficiente y compré un libro que detallaba la historia de The Beatles, me lo aprendí de corazón (como dicen los gringos). Conjugaba la biografía del grupo con las biografías individuales de sus integrantes, y la de John Lennon mencionaba una fábula a manera de explicación para su asesinato.

Mark Chapman (su asesino) era lo que se dice “el más ferviente admirador de Lennon”. Incluso se casó también con una japonesa, y a veces firmaba con el nombre del músico. Entonces, ¿por qué lo mató? La fábula dice:

Una luciérnaga volaba por el estanque en medio de la oscuridad, cuando de pronto un horrible sapo disparó su lengua, atrapándola y llevándola a su boca.
La luciérnaga reclamó: -¿Por qué me comes?-.
A lo que el horrible sapo contestó: -¡Porque brillas!-.


Si tomas a alguien más como guía y no solo no lo logras, si no que ese alguien te ignora o te defrauda, las consecuencias pueden ser fatales. Compárate solo contigo mismo, así serás mejor que como eras el día de ayer. Eso jamás te defraudará. Pero ese no es el tema.

Esta entrada está dedicada a los que han llegado hasta este blog y después de leerlo (al menos un artículo, porque dudo que todos) me lanzan por lo menos un “buen intento”, “ojala fueras más humilde, así entenderías las escrituras”. Bah!

Por supuesto que saben que respeto su opinión, por eso se atreven y por eso no verán sus nombres aquí. Pero ellos suelen decir “perdónalos como también nosotros los perdonamos”, por lo tanto yo digo “perdónenme como también yo los he perdonado”.

¿Cuántas veces se han atrevido a externar sus ideas frente a los que los juzgan?
¿Cuántas veces han preguntado sus dudas más atrevidas a aquellos seres imperfectos que les “enseñan” lo que dicen las escrituras?
¿Cuántas veces, cuántas mendigas veces, se han sentado frente a mí con sus conocimientos en la mesa para hablar de todo, de una manera respetuosa y aceptando sus limitaciones y tolerando las mías?

Pocos, muy pocos de ellos. Y debo gritarlo: ¡los pocos son testigos de Jehová!, ¡los más ignorantes son catolicínicos, digo, católicos!

Ah no. No es regla general, ni se ha comprobado como tal. Pero es lo que yo he vivido.

Creen que es sencillo leer tantas cosas, y que uno puede devorar un libro por semana…. ¡PUES SI! Es sencillo porque me interesa saber que decirle a aquella persona con la que no estoy de acuerdo, y saber de que DIABLOS está hablando. O mejor me callo. Y es difícil para ellos leer algo que tenga escrita las palabras sexo, fornicar, venganza, muerte, intolerancia, demonio, diablo, incesto, guerra. Pues mis amigos, cuenten el número de veces que se escribieron esas palabras en las escrituras.

¿Por qué DEMONIOS, DIABLOS, BELZEBÚES, o MEFISTÓFELES no aprenden a juzgarse a sí mismos antes que a los demás?

No quiero ser comido por sapos, ¡NO!

Quiero ser devorado por águilas, halcones, seres más grandes que yo. Quiero ser devorado por personas que se atrevan a preguntarse lo mismo que yo y lleguen a conclusiones más elevadas y no a deducciones llenas de inferioridad.

¡Quiero ser devorado por mentes preparadas, gente que traduzca la siguiente frase (por lo menos) y profundice hasta aplastarme en el suelo!


AMEN DICO VOBIS QUI UNUS VOSTROS ME TRADITARUM EST

P.D. HOMO LUPUS EST, KAYSARIS CARITAS…. FIAT LUX! UBI DUBIUM IBI LIBERTAS

Lebensraum

miércoles, 4 de abril de 2007

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Imaginemos a un coyote que acostumbra a cazar en el desierto tal y como lo aprendió de su madre, y ésta de su madre, y así por generaciones anteriores. En un momento dado el animal se ve amenazado por la invasión de un animal superior a él. Este animal acostumbra a tomar todo lo que a su paso encuentra con la finalidad de subsistir, y con eso, acaba con la vida natural que habita el medio ambiente. Dicho desierto es un desierto en América, cercano a un río enorme. Con los años y siglos, el coyote se extingue o se desplaza a otros lugares, afectando a otras especies. Así, la cadena nunca termina.

El animal que desplazó al coyote, ha venido haciendo de las suyas desde hace millones de años. Empezó su desplazamiento en el África central, y actualmente no hay rincón terrestre que no haya afectado. Para muchos biólogos les parecerá la historia de algún virus incontrolable.

El hombre ha buscado espacio para su explosión demográfica una y otra vez. En todas las épocas, en todas las centurias. Aunque el hombre ha logrado expandirse por sobre todas las especies, los demás animales guardan y cuidan su territorio y, muchos de ellos lo expanden a la primera oportunidad, no como individuos, sino como especie. Esto es muy natural, si somos muchos, tenemos que conquistar territorios.

Un ejemplo de la búsqueda del espacio vital y de su naturaleza humana es la conquista de Estados Unidos por nuestros compatriotas y latinoamericanos que viven en ese país. Los “mojados” e inmigrantes son grupos de reconocimiento que decidieron quedarse en ese espacio vital reconfortante.

Estados Unidos es un país que nació de la búsqueda de ese espacio vital a pesar de las tribus de indios que fueron confinados en campos de concentración llamados “reservaciones”.

Todos los antiguos y modernos imperios son el fruto de esa naturaleza, más de supervivencia que de conquista, de poblar tierras nuevas. Desgraciadamente la única forma de lograrlo (ya que el único obstáculo eran hombres con igual determinación) fue la fuerza bruta llamada guerra.

El término espacio vital, fue acuñado por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904), influido por el biologismo y el naturalismo del siglo XIX. En su idioma, él lo llamo lebensraum.

Aunque Hitler se fundamentó en este lebensraum para provocar la Segunda Guerra Mundial, no podemos negar que es un comportamiento que se repite una y otra vez en la historia. Los egipcios lo hicieron, después los griegos, los romanos, los judíos, los hunos, los chinos, los japoneses, los francos, los ingleses, los alemanes, los españoles, los estadounidenses, etc.

Actualmente el espacio vital se ha vuelto ya sea comercial o cibernético, territorios nuevos y abstractos que han detenido la masacre al menos en gran escala, ya que la lucha por estos nuevos territorios sigue provocando pobreza, hambre, e ignorancia.

Esta es la ley de la vida, la ley del más fuerte, y esa ley, nos tiene aquí porque fuimos la especie dominante. Así como los territorios han cambiado, también las armas, ya no son espadas, sino leyes internacionales, acuerdos comerciales, y todo eso hay que aprenderlo para sobrevivir. Para expandir nuestro espacio vital. Nuestro Lebensraum.

No debe asustarnos el concepto. Solo hace falta hacerlo lo más civilizadamente posible, pero sin olvidar que los demás buscan lo mismo. Para eso son los acuerdos. Para eso debemos aprender de los otros países. Y antes que nada buscar que el nuestro tenga las armas para el nuevo espacio vital.

Nosotros todos, somos caballeros sin armas que deben hacerse de las propias, en la medida correcta. Aprendamos juntos y no venzamos al enemigo. Hagámoslo nuestro.

Porqué saber de TODO un poco

martes, 27 de marzo de 2007

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Yo fui músico de profesión por cerca de 11 años (me retiré hace 2 aprox.), y creo que desde que tengo uso de razón, me creí músico (sin saber que no sabía nada). Tuve en mi niñez la influencia de la música que escuché en mi casa, la cual fue siempre variada pero nunca lo que llamamos los del gremio "abarrote" (cumbias, salsas, norteña, etc... música furiosa).

La mayoría de la música que escuchaban mis hermanos era rock clásico, ya que ellos son todos mucho mayores que yo: el mayor de todos me supera por 14 años y el mayor mas cercano a mí, 7 años. Los más influyente fueron The Beatles, Credence, Led Zeppelin y otros.

Mi papá también contribuyó: Los Panchos, Lola Beltrán, José Alfredo, etc. Pero claro que, pueden adivinar, en mi adolescencia por que lado me incliné... el rock. Ya entrado en práctica, no conocí ni acepté otro tipo de música en mi juventud, y mucho menos, cuando comencé profesionalmente. Mi bandera de entonces: El rock es el único camino al estrellato.

Cuando comencé a cantar y tocar rock, ya era casado, y después de un año de infructuosa carrera ($$$$$$) decidí colgar las teclas......oops. El teclado pues, ya que era lo que yo tocaba en ese grupo. Al conocerse la noticia de mi deserción, el dirigente de un grupo que tocaba de TODO, incluyendo abarrote en bailes, me ofreció trabajo...... y buena paga.

Entonces le entré al abarrote y al verdadero conocimiento de la música. Conocí verdaderos músicos, teóricos y prácticos, verdaderas eminencias del gremio. Y claro, comprendí que no sabía nada de nada, ni de música ni de como tocarla.Comencé a dominar todos los géneros y su ejecución, y eso me dió más trabajo, más dominio de mi destino como músico, y más placer al hacerlo. Fue tan importante dominar cualquier ritmo que me permitió lograr mi sueño: aparecer en televisión nacional y tocar conciertos masivos. Misión cumplida.

Cuando yo solo creía en el rock, criticaba a los demás géneros sin conocerlos, y por eso, ahora me siento un idiota (pues lo fui), por hablar de cosas que no conocía, y además condenarlas. Y ahora con conocimiento de causa, puedo evaluar los géneros musicales por su dificultad, aportación, colores, ritmos, energía, etc.No soy una eminencia, pero sé ahora más de lo que hablo cuando un guaripudo critica el rock. Tanto, que me evito criticar su música y me limito a preguntarle, donde estudió teoría musical y le pido que toque algo para que me enseñe a hacerlo.

Así funciona en todos los aspectos de la vida. NO PODEMOS CRITICAR ALGO QUE NO CONOCEMOS. No podemos hablar de política si no nos informamos de ello (...paso...lo más que puedo), no podemos criticar a los católicos si nunca hemos leído y aprendido de sus tradiciones y su biblia, ni a los musulmanes si no hemos leído el corán. Lo mejor de todo es que aprendemos a identificar con quien se puede hablar de cada tema: con los que están informados.

Y así, aunque deja de ser divertido, cada vez más evito la discusión con el desinformado.Cuando nos empapamos del conocimiento, o lo intentamos, aprendemos de todo y de todos, y nos volvemos más tolerantes, más comprensivos, y más dueños de nosotros mismos. Además sabemos de que nos hablan los demás y no nos defendemos a oscuras.

La invitación es a no criticar, juzgar, o satanizar al prójimo sin conocer de que nos habla. No hace daño el conocimiento. Nos acerca a los demás, y nos une a ellos. Es la herramienta para crear esa sinápsis social que hace falta.