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¡Aunque lo duden!

miércoles, 9 de julio de 2008

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Todos hemos tenido la experiencia de comprar algún producto, como por ejemplo un carro o una medicina. En el ejemplo del carro, si es usado, de lo único que podemos estar seguros es de que el vendedor no nos mostrará todas las fallas, y hacemos preguntas capciosas como “¿le cambiaste las llantas por unas más viejas?” o “¿porqué está el motor recién lavado?”, etc. ¿Porqué no confiamos en el actual dueño y compramos sin regatear? Simple, porque no confiamos en él y además, no pretendemos confiar en él. Así vivimos la mayoría de nuestras decisiones, evaluando, comparando, a veces asta investigamos si lo que vamos a comprar nos conviene o no, o al menos leemos la Información Nutrimental. Si nos gusta mucho el carro y desconfiamos del vendedor, lo llevamos a con un mecánico de nuestra confianza (si es que existe un mecánico con esa característica), y ahí pueden terminar nuestras dudas. O podría pasar que aceptamos la buena opinión del mecánico simplemente porque nos gusta mucho el carro y escuchamos las opiniones a favor porque eso es lo que queremos oír.
En el ejemplo de la medicina es más complicado para la mayoría de las personas. Se supone que la compramos por prescripción de un medico, alguien que estudió medicina por muchos años y que sabe de lo que habla. Así que, la compramos tal y como nos dijo el experto (aunque muchos fallan aquí y compran algo parecido y más barato). Pero en algunos casos, los pacientes cuestionamos al medico en la forma en que debe funcionar la medicina, o si se puede sustituir, incluso preguntamos a otro medico y consultamos los efectos químicos de la medicina en Internet.
La cuestión es, que somos incrédulos en muchas acciones de nuestra vida, dudamos a quien dar limosna y a quien no, dudamos de quien se acerca y nos saluda, de quien nos pide que le cuidemos el lugar en la fila, de quien nos pregunta si queremos un aventón, etcétera, etcétera, etcétera. Somos desconfiados por naturaleza, porque nos puede costar un poco de dinero, la salud o la vida misma. A veces dudamos hasta de nuestra memoria y hacemos una lista de compras. No lo duden, todos somos desconfiados.
Solo en una cosa nos creemos lo que nos dicen los demás, lo que vemos en un video, o lo que vemos u oímos en el miedo de la oscuridad (o soledad) o cerca de despertar o de dormir. Creemos todo cuanto se trate de algo sobrenatural, queremos ser parte de la historia y aseguramos que algo así nos ha pasado. Incluso hay sectas que sienten a dios en sus rituales y ufólogos que ven extraterrestres en su propia casa.
Nunca nos preguntamos porque esos fenómenos los experimentan personas durante la noche, cuando nuestros sentidos no funcionan de la mejor manera, o cuando están despertando o casi dormidos. Le llamamos destino a un conjunto de casualidades que se dan en nuestra vida, encontramos señales porque las queremos encontrar y hacemos conteo de detalles en los que queremos creer, y no lo hacemos con la inmensa mayoría de “no señales” que suceden a diario.
¿Que también en esos temas hay expertos? Si, si los hay. Pero el verdadero afectado es uno mismo, tal y como al tomarse la medicina o al chocar con un carro que fallaba en sus baleros. Y como el afectado es uno mismo, pues uno mismo debe constatar, investigar, preguntar, comparar y evaluar dudando incluso de lo que dijo mamá, papá, el padrecito, el pastor o el mismísimo papa Nazinger (o Ratzinger).
¿No tienen dudas? Esta bien, sigan haciendo lo que dice “el que sabe”, sigan dejando su vida en manos de personas que actúan en beneficio propio, ¿no es así?, ¿ya lo corroboraron? Aceptemos que el ser humano es desconfiado, que dudamos de todo menos de lo que nos gusta creer para sentirnos parte de algo. Somos todos más escépticos que creyentes.

Teísta, deísta, panteísta, secular, agnóstico, ateísta, o escéptico

sábado, 8 de marzo de 2008

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“Ama a tu prójimo como a ti mismo” Marcos 22.39
“Ama a tu prójimo, no hay otro igual en muchos años luz a la redonda” Carl Sagan

Seguramente se habrán dado cuenta que una de las fundamentales razones para la existencia de este blog es la difusión del conocimiento, por ende, del uso de la razón, por ende, del libre pensamiento y por ende, del escepticismo. Muchos de los que me hacen el favor de visitar este blog seguramente se han llegado a preguntar en donde están ubicados según su nivel de fe o su forma de concebir su propio ateísmo. Existen, muchas fuentes de información al respecto. Yo mismo he querido saber en donde estoy en lo que se refiere a mi propia filosofía, ya que dejé de ser católico (si alguna vez lo fui, lo dudo), cristiano, e incluso creyente. Se que soy escéptico pero, cuando escucho la variedad de calificativos para alguien que no tiene fe, tengo que preguntarme en donde entro yo según estas categorías.


Vamos por partes, no sin antes aclarar que dentro de las fuentes de información esta el libro The God Delusion de Richard Dawkins. El título en español de este libro es de difícil traducción, o por lo menos de manera que cause el mismo impacto que en inglés. Sería algo así como La Alucinación “Dios”.


Primero debemos empezar con lo más común y progresaremos hasta lo más inusual (que no significa que seamos pocos).


Teísta
El teísta cree en un dios personal y providente, creador y conservador del mundo. Es decir, cree en una inteligencia sobrenatural que además de haber creado el universo aún nos observa y tiene influencia en el destino de los hombres. El teísta asegura que este ser sobrenatural interviene en los asuntos de los hombres, responde a las oraciones, perdona o castiga los pecados, hace milagros, y sabe las cosas buenas y malas que hacemos o incluso las que pensamos.


Deísta
El deísta cree en el mismo dios que el teísta, pero asegura que después de haber creado el universo dictó las leyes que lo regulan y se fue a dormir... o de vacaciones. El deísta cree que a este dios no le interesa el destino ni los asuntos de los hombres. Tal vez Teo Cardala (Cómplices) es deísta, ya que él escribió en su canción la oración “Dios existe pero duerme”.


Panteísta
El panteísta no cree en una inteligencia superior, en un dios personificado. El cree que puede llamar Dios a la Naturaleza, al Universo o a las leyes físicas naturales. No existe la persona, pero si existe el Orden Universal, la Energía Cósmica, etc.


Secular
El secular es alguien quien independientemente de su creencia o filosofía personal, reclama la separación de la religión de los asuntos humanos, específicamente de aquellos asuntos comunes a la sociedad en general, tales como el gobierno, las leyes, la educación, etc. Confía en que de esta manera la sociedad sobrevivirá como unidad, sin discriminación religiosa, sin conflicto entre la fe de unos y otros.


Agnóstico
El agnóstico simplemente se declara incapaz de asegurar la existencia o la inexistencia de un dios o dioses, o de cualquier inteligencia superior. Si no se tienen los datos que sostengan los hechos, el agnóstico se mantiene al margen, no se define hasta no estar seguro. De hecho puede asegurar que nunca será probado o refutado lo anterior.


Ateísta
El ateísta es un ateo, como normalmente se le llama. No cree en una inteligencia superior o dios. El ateo esta seguro de la inexistencia de un creador y no necesita pruebas de ello.


Escéptico
El escéptico no cree en una verdad absoluta. Su deber es dudar incluso de sí mismo en el sentido de no crearse verdades personales para sentirse en paz. La búsqueda de respuestas (no de verdades) para el escéptico, es su pasatiempo favorito. El escéptico es incansable en sus preguntas, porque acepta humildemente que el universo contiene y manifiesta más información que la que el mismo hombre puede comprender.


Podemos ahora situarnos con mayor facilidad en el adjetivo adecuado.


Para terminar anexaré un cuadro que nos obsequia Richard Dawkins y que llamaremos el Espectro de Intensidad Divina.


1. Teísta Fuerte. 100 % de fe en la probabilidad de un Dios. “No creo, sé que Dios existe”.


2. Teísta Moderado. Menos del 100% de fe en la probabilidad de un Dios. “No puedo asegurarlo, pero creo profundamente en Dios y vivo mi vida asumiendo que existe”.


3. Teísta Débil. Más de 50% de fe en Dios. “No estoy nada seguro, pero prefiero creer en Dios”.


4. Agnóstico Imparcial. 50% de fe en la probabilidad de un Dios. “La existencia e inexistencia de Dios son exactamente igual de probables”.


5. Ateísta Débil. Menos de 50% de fe en la probabilidad de un Dios. “No sé si existe Dios pero me inclino a ser escéptico”.


6. Ateísta Moderado. Más del 0% de fe en la probabilidad de un Dios. “Veo muy improbable la existencia de Dios y vivo mi vida sin asumir que existe”.


7. Ateísta Fuerte. 0% de fe en la probabilidad de un Dios. “No solo creo que no hay un Dios, sé que no hay Dios”.


Vean ustedes mismos donde se ubican. Yo, al parecer estoy en el nivel 6 del espectro, ya que improbable no es una palabra definitiva, y la existencia de un dios, por lo menos al momento, científicamente es improbable.


Por experiencia propia, puedo intuir que algunos de ustedes temen aceptar públicamente su verdadero nivel en el espectro. Solo espero que algún día su honestidad consigo mismos supere el miedo al rechazo. Esto se entiende porque para un cristiano, desgraciadamente es más alarmante que alguien a quien consideraba creyente le diga que dejó de serlo. Pero supongamos que un cristiano de la familia les platica que conoció a un árabe, digamos en su trabajo. Hablaría de sus costumbres y fe con asombro y tal vez hasta con gracia, pero no lo discriminaría. Porque así lo conoció, y no se siente traicionado. Este ejemplo podría ser el inicio de una plática para comentar con sus cercanos sobre su verdadera opinión respecto a la fe. Pero por favor, fundamenten sus opiniones, porque no hacerlo y querer hablar de ello sin conocimiento del tema podría parecer una conducta religiosa…


¡Hágase la luz!... y nació la ciencia.


Hasta la vista.

Cómo demonios llegué hasta aquí (Daemon; conocimiento en griego)

martes, 15 de enero de 2008

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Siempre me he quejado de que las personas creyentes que me censuran ni siquiera se ocupan por entender lo que yo pienso, simplemente por no ser lo que ellos asumen como verdad absoluta me satanizan. A la vez, muchas personas que no me satanizan, no conocen los detalles de los hechos que me trajeron a este pensamiento agnóstico. Y por último, escribir sobre ello también sirve para que mis compañeros de “ideología” conozcan el camino que mi cerebro tomó hacia el mayor uso de la razón.
Lo más lejano que recuerdo es que en el catecismo nos contaron y nos hicieron dibujar el pasaje en que un hebreo escucha la voz de Dios mientras pretende dormir y el hebreo le pregunta “¿Eres tú, Yahvé? Entonces llegando a la casa tome la Biblia y busqué el nombre de Dios, y uds. saben lo que encontré. Como el nombre que en el Éxodo dice Yo Soy me pareció muy extraordinario, empecé a buscar la respuesta en toda la Biblia.
Lo siguiente que recuerdo es cuando le cuestioné a mi padre que me mandaran a misa cuando él no iba a tal evento, me dijo que se defraudó de los sacerdotes desde que defendió a una anciana de uno de ellos que le gritaba altaneramente y de otro que se robó valores de la parroquia. Pero, que aún así respaldaría a mi madre si ella me mandaba… Yo ya había visto cosas semejantes…
Más adelante, me pareció extraño que el mundo estuviera lleno de tantas religiones y que las más fuertes existieran gracias a la guerra. Al mismo tiempo uno de mis hermanos (7 años mayor que yo) siempre presumió de saber grandes cosas y yo no dejaba de preguntarle las respuestas a todo, desde los fenómenos naturales hasta la historia y demás cosas. La historia del mundo esta plagada de cosas que me avergüenzan y otras que me enorgullecen, y es este tema, la historia, suficiente para pensar en el uso de la razón.
A los once años, como a las 5 de la tarde, empezaron a pasar un programa en la televisión llamado Cosmos. Simplemente no me lo perdía. Carl Sagan hablaba de todas las ciencias y a mi me pareció extraordinario saber todo eso: átomos, evolución, números exponenciales, soles, galaxias, pulsares, neuronas, etc.
En mi casa siempre hubo libros de todos los temas y como a los 10 años empecé a leer lo que me parecía interesante. Ah, y también la revista mensual Muy Interesante. Ahora lamento no haber leído Mein Kampf, pero me alegro de haber leído Historias Secretas de la Segunda Guerra Mundial. Un día llegó hasta mis manos Caballo de Troya y me lo receté completo a los 17 años. Me pareció una fantasía deseable y muy congruente con las cosas en las que yo buscaba la Verdad: La Biblia, los extraterrestres, los yeti, el Budismo, etc. Benítez, simplemente ha logrado unir varias doctrinas en la trama de dichas novelas. Es un genio.
Para entonces ya me había formado una idea de fe en la que existía un solo Dios, un ser humano perfecto que nos mostró un mejor camino llamado Jesús, y todos sus ayudantes llámense astronautas interestelares o como sea, una Tierra que en realidad se llamaba Iurantia en un sistema interestelar de donde venía Jesús (cuyo nombre real era Micael), guiado por la energía eterna de la Isla galáctica del paraíso…. Je je je je… y cosas como esas, incluidos a los fantasmas…
Pero, aún no encajaban muchas cosas, aún no tenía sentido todo ese embrollo. Pero esperé. Hasta que un día de 2004, un amigo me preguntó que libros le recomendaba, y en la lista incluí algunos que no había tenido oportunidad de comprar, entre ellos El Mundo y sus Demonios de Carl Sagan. Ni siquiera sabía de qué se trataba. Los compró y me los prestó todos. Y al leer el de Sagan, me di cuenta que estaba escrito por alguien completamente centrado, respetuoso de las creencias de los demás, y con mucho sentido común. Es un libro que satisfizo todas mis preguntas, pero que no me asegura ninguna Gran Verdad.
Busqué más de él y de todos los científicos. Y además empecé a externar a los demás mi nueva idea de que no existen los dioses. Eso amigos, es la libertad. Así un día, a una clienta que comencé a tomar como una amiga muy inteligente se lo comenté y ella me facilitó un blog de Internet de un amigo de ella que pensaba más o menos como yo. Y ahí dentro supe que yo soy un agnóstico o humanista secular. Ese blog se llama Sentido Común.
Hace falta leer mucho para entender lo que yo soy. Hace falta entender que toda la información escrita que existe, irrepetible y verdaderamente fundamentada, es mucho mas vasta que la Biblia. Además, vivimos en un mundo que se sustenta en toda la tecnología proveniente de la ciencia, de los agnósticos, y todo eso NO esta en la Biblia. Hace falta informarse. ¿Cuántos libros has leído? Y aún así, aceptar que podemos estar equivocados, y no crearse una verdad absoluta.
Cabe decir que si Dios existe y las pruebas lo demuestran, yo creeré en él. Pero mientras seguiré respetando a mis semejantes sin el miedo a ser castigado si no lo hago. Seguiré siendo leal a los que se lo merecen sin tener que rezar por ello. Seguiré evitando tirar basura en la calle, o atravesar mi carro sin compasión por los demás guiadores aún cuando no esté ningún agente de tránsito presente. Seguiré evitando la tranza que no evitan todos esos creyentes que se purifican cada vez que se reúnen y se sienten tocados por Dios para seguir pecando el resto de la semana.
Así amigos, he llegado hasta aquí. Gracias

¡PORQUE BRILLAS!

martes, 28 de agosto de 2007

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En mi edad de secundaria, ahorré lo suficiente y compré un libro que detallaba la historia de The Beatles, me lo aprendí de corazón (como dicen los gringos). Conjugaba la biografía del grupo con las biografías individuales de sus integrantes, y la de John Lennon mencionaba una fábula a manera de explicación para su asesinato.

Mark Chapman (su asesino) era lo que se dice “el más ferviente admirador de Lennon”. Incluso se casó también con una japonesa, y a veces firmaba con el nombre del músico. Entonces, ¿por qué lo mató? La fábula dice:

Una luciérnaga volaba por el estanque en medio de la oscuridad, cuando de pronto un horrible sapo disparó su lengua, atrapándola y llevándola a su boca.
La luciérnaga reclamó: -¿Por qué me comes?-.
A lo que el horrible sapo contestó: -¡Porque brillas!-.


Si tomas a alguien más como guía y no solo no lo logras, si no que ese alguien te ignora o te defrauda, las consecuencias pueden ser fatales. Compárate solo contigo mismo, así serás mejor que como eras el día de ayer. Eso jamás te defraudará. Pero ese no es el tema.

Esta entrada está dedicada a los que han llegado hasta este blog y después de leerlo (al menos un artículo, porque dudo que todos) me lanzan por lo menos un “buen intento”, “ojala fueras más humilde, así entenderías las escrituras”. Bah!

Por supuesto que saben que respeto su opinión, por eso se atreven y por eso no verán sus nombres aquí. Pero ellos suelen decir “perdónalos como también nosotros los perdonamos”, por lo tanto yo digo “perdónenme como también yo los he perdonado”.

¿Cuántas veces se han atrevido a externar sus ideas frente a los que los juzgan?
¿Cuántas veces han preguntado sus dudas más atrevidas a aquellos seres imperfectos que les “enseñan” lo que dicen las escrituras?
¿Cuántas veces, cuántas mendigas veces, se han sentado frente a mí con sus conocimientos en la mesa para hablar de todo, de una manera respetuosa y aceptando sus limitaciones y tolerando las mías?

Pocos, muy pocos de ellos. Y debo gritarlo: ¡los pocos son testigos de Jehová!, ¡los más ignorantes son catolicínicos, digo, católicos!

Ah no. No es regla general, ni se ha comprobado como tal. Pero es lo que yo he vivido.

Creen que es sencillo leer tantas cosas, y que uno puede devorar un libro por semana…. ¡PUES SI! Es sencillo porque me interesa saber que decirle a aquella persona con la que no estoy de acuerdo, y saber de que DIABLOS está hablando. O mejor me callo. Y es difícil para ellos leer algo que tenga escrita las palabras sexo, fornicar, venganza, muerte, intolerancia, demonio, diablo, incesto, guerra. Pues mis amigos, cuenten el número de veces que se escribieron esas palabras en las escrituras.

¿Por qué DEMONIOS, DIABLOS, BELZEBÚES, o MEFISTÓFELES no aprenden a juzgarse a sí mismos antes que a los demás?

No quiero ser comido por sapos, ¡NO!

Quiero ser devorado por águilas, halcones, seres más grandes que yo. Quiero ser devorado por personas que se atrevan a preguntarse lo mismo que yo y lleguen a conclusiones más elevadas y no a deducciones llenas de inferioridad.

¡Quiero ser devorado por mentes preparadas, gente que traduzca la siguiente frase (por lo menos) y profundice hasta aplastarme en el suelo!


AMEN DICO VOBIS QUI UNUS VOSTROS ME TRADITARUM EST

P.D. HOMO LUPUS EST, KAYSARIS CARITAS…. FIAT LUX! UBI DUBIUM IBI LIBERTAS

El Omnipotente

miércoles, 13 de junio de 2007

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“Si existiera algún dios, éste sería humanista, y lo más probable, laico” CSR

En un momento dado, después de mucho, mucho tiempo de saberme vivo, de estar sin hacer un solo movimiento, no sé ni cómo, pero me decidí a hacer algunas cosas diferentes. Pero antes de contarles esas cosas que hice, déjenme detallar que sucedió antes…… bueno, es que… antes no pasó nada. Es decir, yo existía pero no había nada más. Y si solo había oscuridad, no me explico si soy un ser de luz o de sombra.

El caso es que aburrido (no se porqué, puesto que, insisto, no había nada y nunca había habido nada. Debería estar muy acostumbrado), se me ocurrió un experimento: crear cosas, de la nada. Vaya forma de despertar de mi letargo. Comencé por prender una luz para poder ver lo que hacía, porque según dicen, tenía que ver lo que hacía para ver si era bueno. ¡Como si yo, con mi infinito poder no pudiera hacer algo bueno sin tener que confirmarlo viéndolo!

Luego, decidí entretenerme dando vida a diestra y siniestra para divertirme un rato. Incluso creé al hombre y a su mujer. Pero, como soy omnipotente, yo lo sabía todo, así que era como ver una película que ya había visto mil veces y que yo mismo había escrito y dirigido (aunque hay quienes dicen que a pesar de mi enorme poder, la humanidad puede cambiar el curso de la historia ¿?).

Me he divertido mucho aunque son como mis hijos, pues para eso los hice, para que sufrieran y me demostraran su amor, aunque los castigue cada vez que no sigan mis órdenes. No me gusta que sean libres, me gusta que me teman y que crean en mí a pesar de que les permita matarse unos a otros. En realidad no pueden ser libres, ya que yo mismo escribí el guión.

Un día, les mandé a mi hijo como ejemplo (¿de dónde salió? De la misma nada que todo lo demás, de mi mismo. Ya ni sé). Le otorgué poderes para que los usara en mi nombre, pero pereció en las manos de los hombres. Bueno, claro que para eso lo envié, porque así lo resucité para que creyeran en él y en mí. Solo que no sirvió de nada.

Ellos han escrito mucho sobre mí. Y dicen que yo los inspiré. Creo que creen más en sus propias escrituras que en mi existencia.

Un día me aburrí y me alejé. He sabido que algunos han negado mi existencia solo porque no han podido demostrar que estoy vivo. Esos son demasiado libres para mi gusto. No me he deshecho de ellos porque a pesar de no temerme se comportan más civilizadamente que los que dicen que me aman.

Si ese es el camino para que sean mejores todos allá abajo, pues, que mejor.

A veces no entiendo para que hice todo esto. De hecho en ocasiones no sé de dónde vine ni cómo llegué aquí. Yo no soy mi propia creación, pero parece que nadie me trajo a la vida. No entiendo o no quiero entender. De tanto darle vueltas al asunto ya dudo de mi propia existencia.

Tal vez baje y me quede por ahí entre los que se llaman humanistas, para olvidarme de mi vanidosa creación y del fracaso de su humanidad. Creo que si nunca vuelvo y se olvidan de mí, pensarán más en ellos mismos y en cómo solucionar humanamente sus problemas.

Tal vez solo lo soñé en este mismo sueño que yo mismo he sido.

¡Hasta nunca!

El niño que TODOS llevamos dentro

jueves, 17 de mayo de 2007

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Cuando nacemos nuestro cerebro cuenta con casi 1000 billones de conexiones neuronales llamadas sinapsis, y un adulto apenas se queda con la mitad, si corre con suerte. ¿Porqué perdemos tantas? Porque no hacemos nada para quedárnoslas. Esas conexiones funcionan con y para el aprendizaje, entre más conexiones hay, más capacidad desarrolla nuestro cerebro.

Los niños son por ello mismo máquinas de absorción de conocimiento y por eso, por naturaleza tienden a cuestionarlo TODO. Están haciendo hasta lo imposible por ocupar esas sinapsis para no quedarse sin ellas. Y su pregunta más simple y famosa es: ¿Por qué? Para los niños, por ejemplo, no es suficiente que les digamos cómo deben ser las cosas. Ellos quieren saber porqué deben ser así. Incluso rompen juguetes para luego pegarlos con cinta adhesiva contentos de saber que hay dentro de ellos.

Luego pasa lo peor, y los adultos son los culpables. Se les educa a creer todo lo que se les diga, sin cuestionar nada so pena de sufrir eternamente en el fuego del infierno o de no estar entre los elegidos del Reino. O peor aún, se les enseña que la verdad no los hará ricos, y que no importa que hay más allá de lo que se dice y se acepta por las multitudes, que hay que hacer como todos y aprender a tranzar. Si seguimos así, en breve el adulto promedio podrá contar sus sinapsis con los dedos de la mano. Si es que aprende a contar.

Afortunadamente aún quedan muchos adultos que gustan de cuestionarlo TODO, todo lo que no tiene sentido. Lo ilógico. Y no descansarán hasta entenderlo TODO con claridad. Somos muchos, solo que la mayoría con miedo, con el terror de que cambien las cosas.

Dentro de cada uno de nosotros hay un niño preguntón. Ese niño es el que nos hace dudar cuando un extraño nos quiere vender algún objeto o nos pide limosna, el niño que busca preguntas donde todos dicen que ya hay respuestas. Gracias a ese niño que otros llevaban dentro, ahora sabemos que las enfermedades no son castigos divinos, que la tierra es redonda, que la luna no es de queso, etc.

Saquemos a ese niño para que nos defienda de las falacias de los demás, para que nos anime a cuestionarlo TODO, que nos ayude a no aceptar las cosas así como así porque alguien más que dice entenderlo mejor así lo dijo. Todos lo hacemos a diario, pero no lo hacemos en los asuntos más importantes por miedo a castigos que no estamos seguros de que sean verdad.

Los niños son escépticos por naturaleza, porque deben aprender a sobrevivir y por eso necesitan de las verdades. Si no hacemos lo propio, otros decidirán nuestras vidas. Defendamos nuestra existencia de las falacias.

Círculos Feéricos

sábado, 28 de abril de 2007

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En septiembre de 2005 la revista National Geographic en español dedicó la edición al continente africano. Acostumbro a dar una respetable revisada a los artículos de la revista y en esa ocasión me llamó la atención esta peculiar fotografía.
Es una imagen de un artículo que se llenaba de fotografías de George Steinmetz, fotógrafo aéreo de la revista. Y en el texto de esta fotografía se aprecia: “Misteriosos círculos enmarcan la carrera…lo que causa éstas manchas desprovistas de pastos aún se desconoce…”.

Me causó asombro que no se supiera algo como eso, así que me propuse encontrar información novedosa acerca de las causas que provocan estos círculos.

Busqué en internet, y la primera referencia fue en el sitio de la revista New Scientist donde se puede leer un resumen de las investigaciones llevadas a cabo por Gretel Van Rooyen , profesora del Departamento de Botánica de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Naturales y de la Agricultura de la Universidad de Pretoria en Sudáfrica .
Comenté lo anterior con un gran amigo, y lo comenté con todo el asombro que me causó y de manera tan natural que no noté mi elocuencia. En toda la información que encontré, estos círculos son llamados Fairy Circles (círculos feéricos; feérico se refiera al reino de las hadas). Así son llamados, y así los llame yo para que él mismo buscara en internet. Además enfaticé que después de varias hipótesis aún no había explicación alguna. Craso error (en su momento). Aunque yo no le daría nunca explicación sobrenatural alguna, mi entusiasmo parece haber reflejado lo contrario y él lo percibió así. Ahora con este artículo muestro mi opinión y modesta investigación del tema, lo cual reafirma mis primeros hallazgos y asombro.

Después de buscar más información, me encontré con que el último documento científico al respecto fue publicado en el Journal of Arid Environments, volumen 57, issue 4, págs. 467-485 en junio de 2004. Fue escrito por dicha profesora Rooyen y otros colaboradores más, y habla de las investigaciones anteriores que se llevaron acabo, y resume en su conclusión lo siguiente, según mi traducción del original del inglés:

“La creencia de que los círculos feéricos son dinámicos, que desaparecen después de un números consecutivo de años de poca lluvia y que se mueven de lugar después de grandes lluvias se ha
demostrado incorrecta. Son más estables y de larga vida que lo que antes se pensaba.
Pruebas biológicas de suelo tomadas del centro de los círculos demostraron un efecto inhibitorio o tóxico sobre el crecimiento de plantas. En contraste, las muestras tomadas de la orilla de los círculos poseen una acción estimulante en el crecimiento de las plantas. Las hipótesis presentadas anteriormente fallaron en el sentido de las observaciones anteriores. El objetivo de las siguientes investigaciones deberá ser identificar la naturaleza de las substancias que causan dicha inhibición y estimulación. Aunque es tentador interpretar la ausencia de plantas por el efecto de termitas, es importante notar que a la fecha ninguna señal ha sido documentada que pueda ligar la actividad de las termitas directamente con la formación de los círculos. Aún más, todas las hipótesis que se han presentado, han asumido que los factores que causan los círculos y los mantienen son los mismos. Estos factores pueden no ser los mismos necesariamente, por ejemplo, las termitas pueden ser parte del mecanismo de formación mientras no necesariamente del mantenimiento del círculo. A la fecha, la mayoría de las hipótesis también se han concentrado en un origen biológico mientras los aspectos físicos/mecánicos no han sido suficientemente investigados.
El desarrollo de patrones especiales de la vegetación es aparentemente condicionada por plantas que sobreviven en condiciones severas. Bajo extremas condiciones áridas en las que los círculos feéricos son encontrados la relativa permanencia de estos patrones puede indicar que estos son críticos para el óptimo funcionamiento del sistema para capturar, almacenar y reciclar recursos limitados.”

En pocas palabras, desde esta investigación de 2004 no se han encontrado nuevos datos que nos permitan saber porque existen los círculos feéricos. Algún sitio extraño de internet, mencionó que un “prestigioso” ufólogo asegura que son el resultado de cientos de naves extraterrestres que usan los desiertos africanos como estacionamientos públicos interestelares. Imaginemos un montón de seres intergalácticos que desconocen los daños y efectos que causan sus naves en nuestros terrenos y que con su inteligencia superior no pueden evitar dejar rastros donde no debían.

Yo me asombré, y como siempre busqué más allá de la primera información. Eso es ser escéptico. Me maravillo que aún existan tantos retos para la ciencia. Y me enorgulleceré cuando el misterio sea resuelto. La búsqueda me fascina, pero para ello debe haber cosas que buscar, y la ciencia nos lleva a miles de nuevos misterios cada vez que resuelve uno de ellos.

La naturaleza es increíble. Más increíble que algunas películas de terror, más asombrosa que algunos supuestos milagros, más inaudita que las historias de hadas. Estos círculos no son prueba de una inteligencia superior de ningún tipo, ni de hadas ni de milagros. Es la prueba de que el cosmos es tan difícil que debemos practicar nuestra ciencia con mas humildad, pero con más valentía. Así como se comprobó que la tierra es redonda (a pesar de muchas religiones y creencias), algún día sabremos qué mezcla de factores provocan este fenómeno y otros tantos más.

Para finalizar debo decir, que aprendí que debo usar el lenguaje correcto, con las personas correctas. Pero también, que las grandes mentes deben hacer lo propio. Dicho sea con todo respeto.
(los links son interesantes y corroboran la información aquí mencionada)

¿EXISTE EL ESCEPTICISMO DE IZQUIERDA?

domingo, 25 de marzo de 2007

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Para inaugurar los articulos de mi blog he elegido un tema comprometedor, sobre todo porque involucra directamente mi punto de vista con el de personas a las que respeto mucho. Pero mi confianza se ve sostenida por esa mutua ansia de escudriñar las mentes ajenas. No me detendré a profundizar sobre que es el escepticismo, ya que hay otros blogs que lo han hecho con suma maestría, entre ellos el llamado Sentido Común de Juan Carlos Bujanda. En resumen, sabemos todos que el escéptico duda de todo, y llega a aceptar solo aquello que que se sustenta en pruebas logradas por medio del método científico.

Los escépticos de izquierda, buscan y encuentran solo las pruebas que sustenten su argumento, y no aceptan ni escuchan las pruebas que lo refutan, atentando con esto contra el método científico. El detalle está, en que se dicen escépticos, y al no cumplir con todas las reglas del método científico, quedan descartados como tales. Aunque tal vez encuentren argumentos a su favor con su propio método pseudocientífico.
Mi llamado es a declararse tal y como somos, a respetar la bandera que llevamos sobre nosostros. Si somos escepticos, no podemos tener fe ni siquiera en la izquierda, ni en la derecha, ni en nada similar, debemos poner a prueba nuestros argumentos y el de los demás, aunque tengan nuestro mismo color (tricolor, blanquiazul o amarillo).
Tal vez las historias de nuestros antepasados revolucionarios no son tan ciertas, tal vez esas personas ni siquiera eran dignas de dirigir nada contra nadie. Mejor veamos al presente y al futuro dentro de nosotros mismos. Hagamos la revolucion de adentro hacia afuera. Con escepticismo, podremos darnos cuenta en que estamos mal y en que están bien nuestros antagonistas. Esto útlimo lo digo con conocimiento de causa (el tema sirve para desarrollarse en otro artículo).
Espero que en adelante seamos más certeros en llamarnos escepticos de izquierda... o ateos socialistas.